CAMPANAS AL VUELO
LA SEÑORA PRESIDENTA
Juan Josè Bocaranda E
-Queda proclamada Presidenta la señora Ìnfulas
Sobrevenidas.
Aplausos estruendosos. Vivas. Plàcemes. Todos se levantan
de sus asientos y se apresuran a estrechar las manos de la nueva
cabeza de
aquella “pequeña nación”.
-Bueños días, señora Presidenta, mis sinceras
felicitaciones.
-Buenos días. Muchas gracias.
-Buenos días, señora Presidenta. Mis felicitaciones
-Gracias, gracias. Fue una larga campaña y una
fuerte lucha.
-Pero triunfò, que es lo importante
-Gracias a Dios. Ahora, a trabajar, pues la tarea es
descomunal. Tengo la misión de acomodar esto, que anda de cabeza.
-Estamos seguros de que será asì, señora Presidenta.
-Usted pasarà a la historia de esta “pequeña república”,
como la gran salvadora, como salvadora de la Patria.
-Sì, sì. Muchas gracias por su confianza.
Encomièndenme a Dios en sus diarias oraciones.
-Felicitaciones, señora Presidenta. Tremenda
victoria. El 85% por ciento de los votos. Nada menos.
Termina la fila de los felicitadores, y ella,
rodeada de “moscas” y “mosquitos”, se aleja con los pasos medidos y seguros.
Oronda, estirada, solemne, llena de aquel aire de dignidad que dicen
corresponder a los cargos de elevado nivel y honda responsabilidad, casi ni
siente que pisa el suelo. Va sumida
desde ya en serias reflexiones. Trazarà durante su mandato una línea muy recta
e impondrà siempre la justicia por el camino de la verdad. No tolerarà la
corrupción. Se opondrà a los bandidos que pretendan apropiarse del erario de la
comunidad.
Sì. Se siente importante. Y tiene motivos sobrados
para estarlo. Porque eso de ser Presidenta de la Junta de Condominio de un
conjunto residencial, no es una pelusa. Todo lo contrario, es “lo máximo”, como
dicen los malandros. Y ella se siente realizada y en la gloria.




0 comentarios:
Publicar un comentario