lunes, 18 de agosto de 2014

OPERACIÒN OXIDADA. Juan Josè Bocaranda E



                                                                                LA VANIDAD
OPERACIÒN OXIDADA
Juan Josè Bocaranda E

-¡Hola, Carlitos!
-¡Queeè? ¡“Doctor Pelanches” para otra ocasión, tìa. Respete!.
-¡Està bien! Disculpa la confianza
-¡No. Nada de confianza!. Tengo mi título de doctor en Medicina y deben  respetarme. Para eso “me jorobè” estudiando.

-Està bien, DOCTOR. No volverá a ocurrir…porque de aquí en adelante ya no serè màs tu tìa…ya no vendrás a hartarte con mi comida, como en tus días de estudiante, cuando te matè el hambre…cuando te lavè tantas veces esos interiores “cansados”, cuando te daba dinero para los pasajes, cuando te comprè zapatos porque los que tenìas estaban tan torcidos, que ya caminabas con los tobillos, cuando te despercudìa esos trapos acartonados que llamabas “medias”, cuando…
-¡Pero, tìa, tìa!
-Nada de tìa. Vete para la ñoña.

Y se fue justamente para su “Quinta La Ñoña”, ubicada en la urbanización Laguna Seca…Se largò regañado y colocado en su sitio. Mas no por eso  abandonò la carga de megalomanía, que lo dejaba tan ciego de presunción andando entre las nubes, que…

-¡Doctor Pelanches, corra!. La señora que Ud. operò ayer està grave, està vomitando petróleo y presenta a la altura de la cicatriz una enorme mancha verdinegra y azulmorada, que parece…
-¡Calle! ¡No siga…!¿Cuàl es la habitación?
Era que de tanto andar entre nubes, había dejado unas tijeras en el estòmago de la paciente, quien estuvo al borde de la muerte. Pero èl, el flamante doctor Pelanches, aun asì, mantuvo su carga de delirio de grandeza,  hasta  que murió de inflatulencia….








domingo, 17 de agosto de 2014

JUSTICIA VÒMICA o LA LEY DE LA REVOLVERA. Juan Josè Bocaranda E



                                                   EL PISTOLERO AFRICANO

JUSTICIA VÒMICA o LA LEY DE LA REVOLVERA
Juan Josè Bocaranda E

Hubo un pais donde todo era a la inversa. Lo negro era blanco y lo blanco negro. El bueno era malo y el malo bueno. La verdad mentira y la mentira verdad. Lo injusto justo y lo justo injusto. Era el pais de los cefalògrados, donde la gente caminaba  con la cabeza y pensaba con el borde de los talones. Por ello no debìa extrañar que los jueces anduvieran de cabeza y administraran justicia con los pies. Como en ese pais inverso se reconocìa mas valor al dinero que al  ser humano y se otorgaba mas peso a la propiedad material que a los valores morales,  no cabìa otra cosa sino  que el castigo de los delitos se rigiera  por el mismo principio.
Conforme al “principio de inversión”, los jueces condenaban a la pena capital a los que se robaban un trozo de pan, impulsados por el hambre, e imponían penas leves al reo de asesinato, por cruel que hubiese sido. Ademàs, le otorgaban privilegios, como las visitas “conyugales”, salidas nocturnas para que no perdieran la costumbre de perpetrar delitos, y otras bellezas màs…
Una noche hubo un cataclismo y el pais inverso desapareciò.
Los mas viejos dijeron “por fin habrá justicia y se respetarà la verdad”.
Un joven que los escuchaba, les dijo:
-Sigan creyendo, imbéciles…

 


viernes, 15 de agosto de 2014

BUEN COMIENZO....Juan Josè Bocaranda E




BUEN COMIENZO
Juan Josè Bocaranda E

-…Entonces la convencì de que estaba muy enferma de la vesícula y le asegurè que si no se operaba moriría ya…Se asustò mucho y me pidió que le hiciera la operación…Como yo estoy recién graduado y no tengo instrumentos, fui a una clínica, me identifiquè como mèdico cirujano, me alquilaron el equipo…y le practiquè una incisión descomunal, la così y le dije que ya estaba operada….Jajaja…Cuando sepa que no le extraje nada…Jajajaja…Toma la media tajada de mis primeros honorarios profesionales, papà.

-¡Muuchas gracias, hijo! ¡Què inteligente nos saliste! ¡Què creatividad! Buen comienzo, hijo. Asì se hace. Abrirse camino…Vas a llegar muy lejos…Sigue asì...y veràs...


-Gracias, papà…Gracias por tu ayuda y por tus enseñanzas…

jueves, 14 de agosto de 2014

LLANEZA BANCARIA. Juan Josè Bocaranda E





LLANEZA BANCARIA
Juan Josè Bocaranda E

Para colocarse màs al nivel del pueblo, los dueños de un Banco decidieron “allanar el lenguaje” utilizando el habla coloquial y dejando de lado la fraseología clásica, seca, acartonada, del lenguaje bancario.
En adelante, en lugar de decirse  “clave validada” o “transacción aceptada” o “efectividad de pago”, etc., comemenzò a decirse: “listo poyo”, como decìa el chino acupunturista de la Avenida Libertador cuando finalizaba la sesión de “puyazos”.


martes, 12 de agosto de 2014

LA NARIZ PRIVILEGIADA. Juan Josè Bocaranda E




LA NARIZ  PRIVILEGIADA
Juan Josè Bocaranda E

Fue a los diecisiete años cuando por fin comenzó a respirar. A respirar por la nariz. Un defecto congénito lo forzaba hacerlo por la boca, con las consecuencias negativas que ello supone. Lo habìa debilitado al punto de ser “el alfeñique del barrio”, como lo tildaba entre sorna y cariño nada menos que Charles Atlas, quien por entonces iniciaba sus tensiones dinàmicas.

Tan solo despuès  de una insistencia infinita de los especialistas, los padres accedieron a que fuera operado, aun cuando la quirùrgica no seria fácil debido a las implicaciones de un labio leporino persistente, que le venìa como herencia de sus bisabuelos paternos, primos hermanos entre sì, e hijos, a su vez de padres afectados por la misma anomalía.

La operación fue llevada a cabo por un  equipo de profesionales bajo la dirección del doctor Fañio Fañoso, otorrino de renombre egresado de la Universidad de Brigdditon, “la Meca de las operaciones fantásticas”.

La recuperación  estuvo llena de dificultades incrementadas por la circunstancia de que se trataba del primer caso de intervención quirúrgica de tan rara enfermedad. Pero, màs dificultosa aun fue la adaptación, a pesar de las terapias, porque èl  había estado acostumbrado, durante diecisiete años, a respirar por otra vìa, por lo que le dominaba la tendencia a mantenerse en lo que ya era un hàbito inveterado. Por esta razón lo amordazaron durante varios meses, suministrándole alimentos a través de  un canuto.

Tampoco fueron felices los muchachos del barrio, porque tuvieron que buscar a otra vìctima para descargar su malsana costumbre de divertirse a costa de los demás. En esos tiempos no se había difundido el consumo de drogas ni existìan en el volumen actual aquellos medios a los que suele recurrir la juventud de hoy para entretenerse perdiendo el  tiempo y hundièndose en el pantano.

Pero, dicen que Dios ayuda a los afligidos y que hasta los premia en forma sorpresiva: fue adquiriendo progresivamente maravillosas dotes de sabueso. Las descubrió una mañana cuando “le oliò a apiacea quemada”. Segùn se pudo averiguar ese mismo dìa, los bomberos habían tenido que extinguir un incendio desatado a quince manzanas de distancia del edificio donde èl vivía con sus padres. El fuego se debió a un largo circuito,  en una distribuidora de cilantro, que suplìa a los mejores restaurantes de la ciudad.

Reforzò el convencimiento de que poseìa tan portentosas facultades una tarde cuando olisqueò a la novia: ¿Quièn es ese hombre de color, de 1.76  de estatura, hijo de africanos recién llegados al país, que suele ingerir grandes cantidades de jamòn moyano con vino tinto, y a quien tù conoces sin dármelo a conocer? Mientras yo estaba en mi casa, te besò ayer a las 4.33  de la tarde,  después de ingerir un “perro caliente” con bechamel de mantequilla y cebollas de Ucrania, en el restaurant Hulaquehula, en el centro comercial  Honolulu. No lo niegues. ¿Por què se lo permitiste?

La muchacha quedó turulata y despedida…

Otro hecho significativo tuvo lugar en el colegio, donde pudo señalar con precisión absoluta al estudiante que le había robado a un profesor un yesquero importado de Francia y que usaba bencina turca y mechas suecas.

Tambièn colaborò con la policía identificando por las emanaciones corporales a un asesino en serie, cuando los siete crìmenes perpetrados por ese abominable hombre de las nieves estaban a punto de quedar impunes.

Sin embargo, no todo fueron plácemes con la policía. Un agente lo atropellò frente a la casa de sus padres porque estaba regando el césped con una manguera que soltaba chorritos no presupuestados por el Concejo Municipal. Cuando el joven le reclamò, pretendió dispararle sin motivo. Pero, èl “lo desarmò” ante los demás policías cuando  le dijo:

-En lugar de maltratar a la gente honesta, procure cambiarse con frecuencia los calcetines. Los que està usando tienen tres semanas prestándole servicio sin descanso, dìa y noche, y ya están que caminan solos soltando vapores. Dìgale a su mujer que le haga el favor de lavárselos…

El agresor tuvo que retirarse debido a las bromas que comenzaron a gastarle los colegas…Jamàs se olvidò del incidente, pues en el gremio le aplicaron el desagradable remoquete de “Pekuekas”, y con ello se quedó mucho màs allà del retiro...

Y cayò –tenìa que caer- como por obra de la naturaleza, en la “Escuela de detectives Sherlock Holmes”, ubicada en la Avenida del Parque. Asì naciò el mas grande detective de Amèrica, Dick Tracy, cuya “nariz en joroba” fue adoptada como símbolo profesional de sus colegas, en todo el planeta.

Por cierto, la proyección psicológica del símbolo fue de tal magnitud, que en la actualidad no hay detective que no pretenda meter las narices en todas partes y en cualquier lugar. Sin embargo, para que el “sabuesismo” sea pleno, todos los detectives de la escuela moderna deben someterse, en  los siete años de estudio, a un proceso de alargamiento de las orejas porque esto les permite recoger intactas las partículas del suelo. Dicen que el creador de la tira, Chester Gould, jamàs fotografìò a Dick sin sombrero, para ocultarle  los orejones.

Cuando los detectives pasan a retiro, se les entrega, además del clásico reloj de oro y las pistolas nacaradas, una “nariz en joroba”, de oro y plata, que conservan con orgullo, pues no podría ser menos. Finalmente, para que no se aburran en una jubilación ociosa, se les contrata como catadores de perfumes u olisqueadores de vinos, flores o cafès. Y todo ello, gracias a mi bisabuelo, a quien se debe esa reivindicaciòn. No lo olviden…

Escribe:

Pepe Tracy, bisnieto español de  “Gran Sabueso”.

viernes, 8 de agosto de 2014

LA MONEDA OCULTA. Juan Josè Bocaranda E




LA MONEDA OCULTA
  Juan Josè Bocaranda E

“En este mundo, todos los humanos son dueños de una moneda oculta y especial que llevan con ellos a todas partes a lo largo de la vida. Aun los màs pobres. Los que recorren las calles con los pasos frìos de la muerte. Los que mueren de hambre, frìo o enfermedad, y los que fenecen de soledad en las ciudades o en los campos. Pero, también, los ricos, los poderosos, los banqueros, los políticos, los sacerdotes, los profesionales y los vendedores ambulantes y las amas de casa, y los barberos y los artesanos, etc.etc. Todos, todos llevan consigo esa moneda, y la portan en el corazón. La de algunos es de oro, o de plata, o de latòn, y la de otros es de desechos y de materia abyecta y despreciable. Es “la moneda de la retribución”. Con ella se pagan los favores con gratitud o con ingratitud, con bondad y reconocimiento, o con desprecio, traición, rabia, orgullo, altanerìa o indolencia.
Los mezquinos de corazón, los de espíritu bajo e innoble, aquèllos por cuyas venas circula la sangre putrefacta del menosprecio, pagan con moneda devaluada. Del valor y tamaño del corazón habla el valor de la  moneda.
¿Còmo es tu moneda? ¿De què materia està hecha? ¿Còmo retribuyes los favores? “

El Maestro cesò y se retirò sin màs. ¿Para què aguardarìa las respuestas si sabìa que el grupo de oyentes sòlo estaba formado por follones, innobles  y miserables?

martes, 24 de junio de 2014

LA NOCHE DE LAS CALLES. Juan Josè Bocaranda E





LA NOCHE DE LAS CALLES
Juan Josè Bocaranda E

¿Quién tiene autoridad moral para describir cómo son las calles en la noche cuando no se tiene adónde ir?
Yo. Porque lo viví…o, mejor aun, porque “lo morí…”

Actualmente estoy en el “bardo”, tiempo entre dos vidas que transcurrimos aquí, después de la muerte, preparándonos para una nueva “jornada”.

Estoy próximo a reencarnar. Naceré en la misma ciudad donde fallecí un 4 de agosto del año 2000. Naceré a trece años de ese momento…

Quiero consignar mis memorias antes de que las pierda, al descender al plano denso que me espera.
…………….

Por circunstancias que no viene al caso detallar,  llegó un momento en que la vida, el destino o la suerte, no sé, me arrojaron a las calles, cuando acababa de cumplir treinta y ocho años de edad. Había quedado, absolutamente, sin familia. Los amigos me habían dado la espalda desde que la prensa me describió como un ser abyecto, involucrado en un desfalco  cuantioso. Todo tan falso, tan irreal e injusto, que la vida miserable que entonces comenzaba para mí, fue mi mejor testigo. Si hubiese obtenido algún provecho pecuniario de aquel embrollo, no  hubiese vivido la penuria que habría de acompañarme hasta mi muerte, que me sofocó  en plena calle, en medio de un basurero.

Pero, no es mi intención relatar los vaivenes de mi vida durante los treinta años siguientes…Sólo voy a referirme, y muy  brevemente, a mi primera noche...

Esa tarde de mi primer día de desgracia, fue para mí un hachazo en plena nuca. Expulsado de la pensión por falta de pago, salí de allí a la una de la tarde. Apenas logré salvar una pequeña maleta con algunas prendas de vestir, unas fotografías de mi familia y otros enseres de uso personal…Lo demás quedó en poder de la dueña del establecimiento “como forma de pago”…

A medida que avanzaba la tarde, comencé a sentir un peso enorme sobre la espalda; y el peso crecía y crecía cuanto más se acercaba la noche con su manto incierto.

La pequeña maleta se me hacía cada vez más pesada e insoportable.

Como no sabía adónde ir, me sentía aplastado, sin ganas de moverme. Me asfixiaba una mezcla horrible de angustia, tristeza, soledad y miedo. Me palpaba el pecho para ver si aún tenía corazón, pues me parecía más bien un ave muerta o una nuez seca. Y ello me acrecentaba el miedo, porque creía que la muerte me era inminente.

Recuerdo que esa primera noche una señora, no sé  por qué,  se condolió de mí y me brindó un plato de sopa y un pan. Le di las gracias y me paré en la esquina. Las calles se veían desiertas. Muy pocos vehículos. Uno que otro transeúnte.

Ah. La angustia y la sensación de soledad y desamparo que me asaltaron cuando me detuve en una encrucijada de cuatro calles. Entonces se me vino encima, en un instante, el inoportuno pensamiento de que todo ser humano debería gozar de la satisfacción de tener un destino, porque ello lo revitaliza con la esperanza, lo sustenta con la alegría, y lo alimenta  con la fe.  ¡Qué horrible carecer de razón o motivo para optar por una u otra calle!. Es como si las propias calles nos arrojaran poncheradas de desprecio, dándose el lujo de cerrarnos paso.

Temblaba no sé si por miedo o por frío, tal vez por fiebre. La primera de las mil fiebres que pasaría a la intemperie durante treinta años.

Mienten, por cierto, quienes dicen que uno se acostumbra. Jamás me acostumbré ni a la fiebre, ni al hambre, ni al dolor, ni a la soledad, ni a las humillaciones, ni al desprecio…todos forzados...

¿Qué uno no se enferma? ¿Para qué si la enfermedad comienza desde el primer día y jamás termina?

¿Qué uno vive despreocupado, sin responsabilidades? ¡Mentira! Sería antinatural. Lo que pasa es que la vida no nos da alternativas. Pero el dolor lo llevamos dentro, como una garrapata aferrada al pleno corazón…

Las piernas no me sostenían. Era como si supiesen y me dijeran “pero ¿para que vamos hacia allá, o hacia acá, si nada ni nadie nos espera?. No desperdiciemos energía, Vamos a descansar”…

Yo miraba las calles, brillantes como espejismos, que llevaban al infinito de la nada, sin ninguna esperanza…y eso desalienta a cualquiera.

Sin embargo, no me quedaba otra sino andar adonde las piernas decidieran ir por su cuenta…

Empuñé mi pequeña maleta y avancé por la penumbra en dirección a no sabía dónde…

Ya iría perdiendo por el camino de los años, trozo a trozo, aquella maleta. Por eso, cuando la policía recogió mi cadáver, sólo halló unos cartones, donde yacía yo, un despojo humano, un zurrón podrido…

 No. De la soledad lacerante de las calles no puede hablar sino el que las haya vivido, o, más exactamente, “el que las haya muerto, como yo”…

.........
Actualmente estoy planificando mi nueva vida en la Tierra. Ya lo tengo decidido y previsto en todos sus detalles. Serè físico nuclear, tendrè una familia estable, una esposa excelente y tres hermosos hijos que me darán muchas satisfacciones en medio de una vida apacible. Porque unas se pierden y otras se ganan. O, como me place decir: “unas son de sal y otras de harina”. ¿O no?