VENTANA PARA SACAR CUENTAS
EL VISITANTE OSCURO
Juan José
Bocaranda E
El
Maestro les dijo aquella mañana:
Un
hombre daba por supuesto que el ser
humano viene a este mundo, casi exclusivamente, a satisfacer las apetencias de
los sentidos físicos. En esencia, todo era para èl sexo y comida.
-Cuando
uno se muere, desaparece totalmente, como los perros. Por eso aprovecho la
vida. Lo mìo son las mujeres, el aguardiente y una buena chuleta- solìa
repetir, jactándose de ello. Por supuesto, dejaba implícito en esta lista el
tabaco y las drogas, y el hecho de
sojuzgar, maltratar y explotar a los
demás, con injusticia evidente. Tambièn, el imponer su voluntad a toda costa,
sobre la razón, la justicia y la verdad, recurriendo a la calumnia, al dolo, a
la usura, a la avaricia y al enriquecimiento a expensas de los demás.
Sin
embargo, a pesar de su aparente valentía, de su jactancia y desparpajo, ocultaba
un sordo temor a la muerte. Algo le murmuraba en su interior que tendría que rendir cuentas en la hora
menos pensada, cuando se le abriría la puerta hacia la màs espesa oscuridad.
Una
madrugada sintió que esta puerta hacia lo negro chirriaba en sus goznes y que traspasaba
el umbral un jinete muy feo cabalgando un corcel negro, tan negro, que sòlo se
podía mirar el candeleo de sus ojos y el vaho que se le escapaba por las
narices.
Entonces
temblò y temblò como la hoja de un árbol. Iba a morir, mas no tan rápidamente
como hubiese deseado. No. Porque sus inclinaciones perversas, el peso de sus
vicios y la maldad que le envolvía, le amarraban a la Tierra, evitando que se
liberase. Eran los “apegos”. Las cadenas invisibles que atan al alma a este
mundo, y que le impiden ascender en el proceso de morir, forzándola a
permanecer en el nivel material, aunque sin cuerpo físico, lo que le
causa muy grave sufrimiento, porque queda atrapada en el astral, en permanente,
inútil y desesperada búsqueda de satisfacer las adicciones.
¡Y
qué no decir –prosiguiò el Maestro- de los comerciantes que muestran ser
voraces, injustos y abominables! Ellos también forman filas en este grupo de la
muerte negra. Cuando se les acerca “el jinete fiero”, tiemblan, se aferran a
esta vida, no quieren desapegarse de sus riquezas mal habidas, y padecen graves
remordimientos al borde del abismo, por lo que les espera abajo. Se les viene
encima todo el cúmulo de deudas morales que contrajeron con otros comerciantes,
a quienes desearon el mal por motivos de competencia, y las que se han creado
como consecuencia de los abusos perpetrados contra los clientes, a cuyas
expensas se enriquecieron, nada de lo cual se llevarán con ellos, pues tendrán
que presentarse desnudos ante el duro Juez del más allá…
Cada
quien, con su forma de vivir, escoge la forma de morir. La muerte del hombre será tanto más apacible, cuanto mayor cúmulo
de armonía haya cosechado en el curso de la vida- dijo el Maestro para
concluir.
Todos
quedaron sumidos en profundas reflexiones, como si cada quien estuviese sacando
cuentas…




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