jueves, 15 de enero de 2015

EL HOMBRE QUE SE CREÌA TODOPODEROSO. Juan Josè Bocaranda E



EL HOMBRE QUE SE CREÌA TODOPODEROSO
     Juan Josè Bocaranda E

Vistiendo ropas estrafalarias y coronado por un sombrero descomunal, que parecía un ave  presta a lanzarse en vuelo, un hombre llegó a un pueblo despertando el amanecer con ruidos de potes, tambores y cornetas.

Alarmados, todos los habitantes salieron a la calle y lo rodearon en la plaza, dispuestos a escucharle, no sin miedo.

Con grandes voces, dijo:
- “Ha sido revelado mi destino. Mi nombre, al pasar los días, se asociarà con algo portentoso y tremendo: con el recuerdo de una crisis como la que jamàs ha tenido lugar sobre la Tierra. Serà la màs alta colisión de las consciencias.
Debido a la fuerza de mi pensamiento habrá disensiones y enfrenamientos a sangre y fuego en toda la Tierra.
No soy un hombre: soy dinamita”…
Las personas se miraban entre sì, como preguntando quièn era èse que había irrumpido sin invitación y que hablaba como si fuese un viejo conocido. Pero èl, proseguía, como un demente:
-“El ansia de poder todo lo justifica…Si hubiera dioses, yo sería uno de ellos.
En otros tiempos el crimen contra Dios era el mayor pecado. Pero Dios ha muerto y con èl han fenecido tales delitos…
Soy el primer inmoralista, y digo que debe implantarse para siempre la moral de la gente importante. Hay que eliminar del universo y borrar de las conciencias las nociones de piedad, amor y compasiòn.
Los hombres superiores deberán declarar la guerra contra la gente corriente e insignificante como ustedes”.
Y, como alguien que tuviese quemada el alma por la locura y obnubilado el seso por la sed de omnipotencia y  delirio de grandeza, se desatò en un largo discurso en pro de la discriminación, de la guerra, de la masacre, del dolor, del exterminio. Y gritò, gritò y gritò durante horas, hasta que perdió la voz y cayò al suelo sin conocimiento.
Quienes se acercaron vieron con horror còmo de su cuerpo le escapaban por todos los orificios, y en especial por los oìdos, la boca y la nariz, gusanos asquerosos y repulsivos.
Huyeron horrrizados.
Los bomberos lo llevaron al hospital màs cercano, donde pudo establecerse que padecía de sífilis y que  las espiroquetas sifilíticas le estaban comiendo el cerebro.
Del mismo modo ocurriò con el político màs locuaz del lugar, y con el abogado del pueblo y hasta con el director del Hospital, y con...y con...y con...






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