AQUÌ
EN LAS TROJAS
Juan Josè Bocaranda E
"Desvivo" en soledad desde hace varios años.
Me
oprimen los chillidos de los pàjaros
cuando, al borde de la tarde, regresan a sus nidos en busca del sueño,
porque me anuncian la noche inminente. Me amenazan con sus dientes y sus ojos
profundos, las sombras que despliegan sus primeras cortinas. Me advierten las
luciérnagas que zigzaguean sobre el telòn oscuro del follaje.
Me
preparo para cuando los fantasmas se den a mostrar sus formas deformes y
medrosas. Porque aquí en Las Trojas, donde las casas yacen a grandes distancias,
como divorciadas por la enemistad, todas las noches traen los mismos fantasmas:
el tiempo que rueda como rìo de piedras triturando recuerdos; el chirrido
mohoso de bisagras antiguas que taladra el cerebro en busca del corazón; el
clamor de lobos de los perros sin sueño que dialogan lejanos; el crepitar de
las rocas que se desembarazan del calor del dìa; el bostezo de las oquedades
donde la neblina discurre con su tardo
paseo hasta que la disipe el sol; el misterio de la alta madrugada cuando el
silencio tanto pesa y duele tanto.
En
la noche de Las Trojas deambulan muchos fantasmas. El màs feroz e inclemente es
la soledad.




0 comentarios:
Publicar un comentario