martes, 14 de julio de 2020

BABATUNDE EL METAFÍSICO. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E.





BABATUNDE EL METAFÍSICO
Porque soy espiritualista y he incursionado en el mundo metafísico. No quiero ensuciarme el aura con toxinas de animal.
Hambre, hambre, mucha hambre. En la región del Kalahari el hambre azota con acento pleno.  Allí sueñan especialmente por sabrosa carne a la parrilla. Imaginan los humillos aromáticos  expandiéndose por el aire y penetrando en las chozas e hiriendo con agradables caricias el olfato de los moradores.
La familia de Oleque, integrada por el propio Oleque, sus dos mujeres y sus ocho hijos, procura distraerse con los recuerdos de mejores días. Se destaca Babatunde, de nueve años de edad, que ya no tiene fuerzas ni para quejarse.
Los hombres salieron a cazar mientras las mujeres se las arreglan lo mejor que pueden para engañar los estómagos de los más pequeños, calentando piedras para simular que están preparando los alimentos.
Pasan cinco días…hasta que por fin entran los cazadores a la aldea, dando gritos de alegría. Tuvieron suerte. Ahora traen una presa cuya carne repartirán equitativamente entre todas las familias. Allí funciona mejor que en otros lugares la consciencia de comunidad.
Ahora el humo de la parrilla es algo real. Oleque y sus mujeres llaman a los niños. Pero Babatunde no está.
-Babaaatunnnnde, Baaabatundeeee- gritan todos.
Cuando finalmente aparece Babatunde, Oleque le arma un zaperoco:
-Pero, ¿qué te pasa, Baba? ¿Qué hacías? Antes chillabas de hambre  y ahora te haces de rogar? Ven a comer, carajo, que se acaba la carne…
-No, papá, no comeré “eso”.
-¿Queeee? ¿Por qué?
-Porque soy espiritualista y he incursionado en el mundo metafísico. No quiero ensuciarme el aura con bajas energías ni toxinas de animal. Quiero avanzar espiritualmente y llegar a ser algún día un maestro ascendido. Soy vegetariano, como la maestra Calpurnia Mendible.
-¡Nooo jodaaas, Babatunde, no jodas

sábado, 11 de julio de 2020

Y COLÓN SE FUE PARA EL CARAJO. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E.





                         COLÓN, EL GRAN COLONIZADOR

 COLÓN SE FUE PARA EL CARAJO
Los indígenas deberían invadir a los conquistadores para que   sepan y sientan a qué sabe la conquista.

Plena la oscuridad de la noche. Calma la mar. De pronto, un grito conmociona a la tripulación.
-¡Tierra,  tieeerraaaa!

El alboroto alcanza a Colón, quien en ese momento acaba de orinar en una botella y se dispone a dormir.
Todos van a cubierta alborozados. Rodrigo de Triana baja de “la cesta” del vigía, para recibir las congratulaciones y jactarse, como es de esperar. ¡PardieZ, hombre! ¿Qué creíais vosotros?  ¿Quéee? ¿Yoooo?  No jodáis. ¿Que yo estaba allá arriba durmiendo la cubeta? ¡No jodáis! Claro que mereZco la gloria. Pero mucho más: unas buenas tierras, el título de Conde… y mostaCilla, muuucha mostaCilla, para irme a vivir en Lepe, donde tengo mujer y chavales.

Es el 3 de octubre de 1492. Los marineros, extremosos de contentura, se besan, se ofrecen  por criados o piden mercedes.
Todos, hasta Colón, saltan, gritan, bailan en cubierta. Y se arrodillan para cantar un tedeum. Luego hacen como todos los animales: chillan, berrean, balan, ladran, rebuznan, cacarean, graznan, mugen, ululan, relinchan, bufan y rugen de gozo y pitan como cerdos y se imaginan desde ya cuántos atropellos perpetrarán, cuántas chozas quemarán, cuántas sementeras pisotearán con sus patas de caballos, a cuántas mujeres violarán y matarán, a cuantos hombres tasajearán, cuántas perlas y oro acumularán para despojar a la nueva “tierra de gracia” y llevar las riquezas  a “la madre patria” aquel “día de la rata”o del arrace…

Pero, pasan los días y no se ve tierra por ningún lado. Y la tripulación desencantada y preparándose para un motín. Y Colón chorreado de miedo.
-Llámenme al bocón de Rodrigo
-Sí, mi capitán.
-¿Qué te pasó, Rodrigo? ¿Qué has hecho? ¿No te das cuenta de lo que has armado, eee?
-Perdone, Almirante. Es que vi lumbre y creí ver tierra y a unos tíos en guayuco comiendo cazabe.
-Tierra verás en el fondo del mar cuando te arrojen por la borda
-Perdón, perdón, Almirante
-Agradece que no mando a que te corten el gaznate. Si no fuera porque le prometí a tu madre protegerte, lo haría yo mismo.
-Muchas gracias. Eso de equivocarse le pasa a cualquiera. Usted sabe, allá arriba, en “el carajo”, en la punta del palo mayor, horas y horas, el va y ven, el cansancio, el fastidio, la monotonía y el airecillo fresco y los buches de ron y…
-Basta. No sigas. Y regresa al carajo.
-Está bien. No volverá a ocurrir.

Pero la cosa no quedó allí. La tripulación estaba muy disgustada, y a cada rato uno u otro de los marineros asomaba la cabeza por el ojo de buey del camarote de Colón dando gritos  o entraba francamente  y se daba el lujo de mentarle la santa y amenazarlo de muerte.…Sobre todo los andaluces, sabiendo que era italiano, le gritaban, terrone, fachi di bu, a la nana nesca, markagua sea, ladremma nokod, semanke, tranchutte, y otras letanías. Y lo fastidiaron tanto, pero tanto tanto, que no teniendo adonde más ir ni lanzarse al mar, terminó yéndose para el carajo.




domingo, 5 de julio de 2020

INCORPORACIÓN DE LAS PALABRAS PAJUDO Y PAJUDEZ AL DICCIONARIO DE LA LENGUA CASTELLANA. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E




INCORPORACIÓN DE LAS PALABRAS PAJUDO Y PAJUDEZ AL 
DICCIONARIO DE LA LENGUA CASTELLANA.
 
El afamado doctor Lucio Vidriera Brillante declaró por la T.V. española, algo que repercutió en la prensa de ese país y en América Hispana. Dijo:

“Ya es hora de que los señores académicos de la lengua española,  incorporen al Diccionario las palabras “pajudez” y “pajudo”, que tanto abundan.

“Pajudo” es el sujeto, de uno u otro sexo (o del sexo del medio)  que
-habla de sobra, sin decir nada, parloteando insubstancialmente
-es fácil para prometer, pero imposible para cumplir
-pide o se toma la palabra en las reuniones para decir pendejadas
-entorpece y frustra como todo un aguafiestas,  con largas peroratas y falsas promesas
-ofrece lo que no le están pidiendo,  pero cuando se le pide un favor, evade y se esfuma
-si es abogado, llena el escrito de preámbulos, consideraciones, incisos y divagaciones, y expresa en cinco páginas lo que muy bien podría caber en quince líneas. Después se queja de que el juez no lee sus parrafadas
-si es profesor, rellena, rellena, y lo que podría caber holgadamente en el horario previsto, se queda en el aire, trunco, incompleto, pues la hojarasca asfixia el tiempo
-si es médico, en vez de abocarse a diagnosticar una enfermedad, busca entretenerte con anécdotas de todo tipo, de tal forma que el 99% del tiempo se va en todo menos en lo que te ha llevado a su presencia. Te habla de política, de la suegra, de los viejos tiempos, de la vida universitaria, etc.etc. pretendiendo justificar la estocada pecuniaria que te propinará cuando todo termine. Pero, el muy cobarde no lo hará personalmente,  pues “honorarios” son “honorarios”. Por ello comisiona a la secretaria para que perpetre el crimen, mientras él se las da de idealista, de hipocrático, de desprendido
-si es politólogo, psicólogo, historiógrafo, luminotécnico, u otro blabablabla,  te aplasta y apabulla con un cargamento de títulos y sobretítulos y te enseña cómo tiene esteradas las paredes con diplomas y requiebros académicos, como si los títulos y los postgrados valiesen por sí solos, al margen de la creatividad, que es lo verdaderamente necesario, pues los países requieren impulsores fundamentales, no simples repetidores
-si es el novio, se pinta como el non plus ultra de los pretendientes,  sobreabundando en “echonerías” y falsa importancia
-si es la novia, se describe como Santa Pureta, oculta toneladas de aventuras inconfesables, finge no estar enterada de que existen palabras obscenas, aunque seguramente las piensa porque realmente las conoce, y, finalmente, promete ser santa esposa, madre abnegada y fundamento del hogar, nada de lo cual cumple cuando se casa.
-si es vulgarote, dice “pajúo”  como los malandros, y no “pajudo”, porque para él quien usa estas expresiones correctas es un pureto académico.

La Santa Academia debe prevenir la repulsiva enfermedad de la PAJUDEZ combatiendo a los PAJUDOS, por favor...””

Algunos miembros de la Academica llamaron para protestar y replicar porque las palabras pajudo y pajudez les despertaban vagas sospechas de no sé qué…
La entrevistadora pidió al profesor Vidriera una definición brevísima del “pajudo”, y respondió: “el pajudo es un gilipollas hablachento”…