El pàjaro rastreador
“Ando en busca del abecedario, pero no
ecuentro sino kks.."
EL GENERAL SOBRE SU CABRA
Juan Josè Bocaranda E
-Lo primero que harè será llevar los tanques a las montañas para combatir a
los bandidos.
Tal fue la respuesta del General cuando asumió el cargo de
Ministro de la “Oficina de la
Guerra por la Paz” en un país no muy lejano.
No durò mucho en el cargo, por razones obvias. Para consolarlo lo nombraron
gobernador de una provincia. Pero, en vez de ocuparse de los asuntos del màs
alto nivel correspondientes a su investidura, desde el primer dìa se montò en
su caballo para ir a las carreteras y comprobar si los obreros encargados de la
refacción era puntuales y cumplidores. Como el màs demencial de los capataces,
solìa tener encontronazos con la mayoría de ellos, por los motivos màs nimios. Que
si eran flojos, que si aquèl no sabìa empuñar la pala o halar la escardilla,
que si el otro solìa escaparse “para dar una descansadita”, que si vivìan en relaciones incestuosas o concubinarias, etc.etc.
Y le agradaban las sorpresas. De pronto se aparecía en una lejana
prefectura para chequear cuàn puntuales, responsables y eficientes eran los
funcionarios y si el jefe de la oficina cumplìa sus deberes. De paso, criticaba
la forma de vestir de las muchachas y aun la de sentarse frente al escritorio.
Largo sería enumerar todos los rincones y las situaciones màs inverosímiles
en donde iba el General a meter sus quisquillosas narices, fuera de lugar y descuidando
sus deberes propios. Baste decir que sòlo estuvo en su oficina el dìa en que asumió
el cargo. Jamàs volvió por allì, salvo para suscribir aquellos papeles cuya
firma era necesaria, y eso con sobrada prisa, como si voces lejanas le
ordenasen salir cuanto antes, para irse
a los andurriales.
Un dìa pidió al Gobierno Central que lo reemplazaran en el cargo de
Gobernador y que, en su lugar, fuera nombrado “Jefe de las Cuadrillas de
Refacciòn de Carreteras, Calles y Caminos”. Asì se hizo. Era inevitable. La ley
natural de gravedad que rige las competencias lo retornò a su nivel: el de las
cabras, para el que habìa nacido y del cual ni las circunstancias, ni el
amiguismo, ni las componendas jamàs debieron haberlo sacado.




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