sábado, 2 de noviembre de 2013

DON QUIJOTE. CAPÍTULO EXTRAVIADO. Juan José Bocaranda E

DON QUIJOTE 
 “LA AMISTAD Y EL DESQUITE”.

               


DON QUIJOTE (EL CAPÍTULO EXTRAVIADO).
 “LA AMISTAD Y EL DESQUITE”.

             Juan José Bocaranda E

(En el depósito de una librería  de Alcalá de Henares, clausurada por causa de los recortes presupuestarios y de otras desgracias políticas y económicas, acaba de ser  descubierto  un proyecto de  nuevo capítulo de El Quijote, a propósito de la ingratitud de Ginés y de otros galeotes, así como de la amistad y del desquite).
…………….
“Bien te decía, amigo Sancho, que la ingratitud es el pecado que más castiga el Cielo y que por su causa está que revienta la capacidad del infierno, donde los diablos atormentan con saña sin igual a la gente mal agradecida, tanto más cuanto desean que los ingratos sufran el doble.
No hay que olvidar cuánto amaba Dios a Luzbel y a los demás ángeles que cayeron en rebeldía, quienes no supieron corresponder a esta deferencia, violando las leyes del Creador, en vez de reconocer la magnitud de aquella gracia. Porque tanto se fija Dios en la criatura  bien agradecida, como en la maldita que no agradece, desconociendo la bondad de la que se le hace merced.
Debes tener presente, amigo mío, que la ingratitud es una desviación pecaminosa que condena al hombre por cuanto pesia ser más propia de animales traicioneros y ponzoñosos, la asume éste, quien de esta manera rebaja su naturaleza contrariando la voluntad de Dios, que ha sido la de dar a cada rama su nivel y jerarquía.
Dígote estas cosas y te las repito, porque he decidido ir en busca del tal Ginés o Ginesillo, que lo mesmo me da que sea de Pasamonte o de la China, que de Parapilla o  La Pepilla, pues el fementido canalla me las ha de pagar con creces y recreaciones, por la grave afrenta que ha venido en desmedro, menoscabo y duda de mi dignidad de caballero  y, sobre todo, en ofensa al sagrado deber de la gratitud.
-Lo de los caballeros está que chuta –atinó a decir Sancho, abrumado por tan extensas parrafadas-¿pero qué decir de quienes no somos caballeros?. Quienes no somos sino escuderos  tal vez no sintamos las afrentas, pero sí las palizas, porque tenemos más cerca las costillas  que las vergüenzas.
-Bien valen tus oservaciones, Sancho. Con ellas veo que también tú estás de acuerdo en que sigamos y persigamos a nuestro ingrato vapuleador y le demos pronto alcance y merecido desquite. Porque hemos de alcanzalle, no solamente por la grave paliza de la que nos  hizo padecer y sufrir, sino, desde ya, por la falta de gratitud que sin maldita razón desencadenó contra  nuestro esqueletaje. Y lo mesmo hemos de buscalle y hallale en la Umbría que en las Sajonias, aunque para mí debe estar de nuevo en las galeras, destino natural de todos los follones.
Pero, Sancho, al escuchar estos férvidos razonamientos, mientras procuraba calmar al asno y consolar a Rocinante, temiendo nuevas, inútiles y peligrosas aventuras, depuso los asuntos de venganzas, caballeros o burreros, y dijo, con tono melifluo y pacificador:
-Mirándolo, señor, con mejor ojo, no dejo de pensar que no es de buenos caballeros el desquite por las afrentas o por las palizas, ni  de buenos cristianos no perdonar ni olvidar.
No bien hubo escuchado el de la Triste Figura éstas que consideró “escapadas felonas”, dijo a su escudero con voces firmes y actitud fiera:
-No esperaba tal de tí. Que no es de amigos excusar las ofensas, ni justificar al ofensor, ni apaciguar al ofendido. Porque la amistad se debe a la verdad, como a la luz el sol y la infinita bondad a Dios. El amigo verdadero otorga al ofendido y lo sustenta en su propósito justo y lo alienta y le provee. La amistad es siempre positiva. Es acción, nunca omisión. Es principio, no excepción. La amistad falsa se delata y se traiciona a sí mesma con propuestas torpes e insinuaciones absurdas. Las amistades falsas van cayendo como las hojas secas aunque no las menee el viento: caen por propia inclinación. Hasta que el bosque es una extensa estera de hojarasca putrefacta, y sólo permanece en las ramas una que otra hoja verde y fuerte. ¿Eres de éstas, Sancho, tú? ¿De qué lado aguijas? Depón las excusas. El buen amigo está presto y dispuesto a sumar y multiplicar y no a restar ni dividir, quiero decir, no a escurrir los bultos, sino a secundar la lucha en bien de la justicia  cuando más se le requiere y precisa. Y algo debo advertirte por tu bien y para la salvación eterna de tu alma: jamás confundas nobleza con justificación cobarde, ni caridad cristiana con bobaliconería sospechosa. Porque también de justificadores cobardes y de nobles falsos se nutre el infierno y se refocilan diablos con diablas. Y no me vengas con aquello de que “quien perdona olvida”. Porque quien olvida, deja de lado los engaños, las traiciones y las malas experiencias y facilita que quien se las causó se las cause de nuevo. O, más brevemente, al que no quita la mano se la vuelven a pisar.
Debo advertirte que el desquite por la dignidad y por la gratitud, no es, por lo que a mí atañe, vulgar venganza, sino rescate por lo justo: es retornar las cosas a su lugar natural. No incito a la venganza, sino que llamo a las puertas de la justa justicia.
Entristecióse inmensamente Sancho ante estas razones, tanto, que gimiendo y conteniendo a penas duras el ímpetu del llanto, sólo osó decir:
-Perdone Ud. Señor Quijote, mi torpeza, hija de mi poco saber y rustiquez, y no por torcida voluntad ni corazón malqueriente.
-Bien, amigo.Comprendo tu desliz. Pero, debemos salir ahora mesmo en busca del hijo de la p… de ese Ginés de los Pasamonos, de quien habremos de cobrar la ofensa a la dignidad y la vileza contra la gratitud. Porque a los follones, aunque sea a palos, hay que enseñarles que gran parte de la dignidad del hombre toca a la gratitud y que su contraria, la ingratitud, debe ser castigada por el valor de  los caballeros”.



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