DON QUIJOTE
“LA AMISTAD Y
EL DESQUITE”.
DON QUIJOTE (EL CAPÍTULO
EXTRAVIADO).
“LA AMISTAD Y EL DESQUITE”.
Juan José Bocaranda E
(En el depósito de una librería
de Alcalá de Henares, clausurada por causa de los recortes
presupuestarios y de otras desgracias políticas y económicas, acaba de ser descubierto
un proyecto de nuevo capítulo de
El Quijote, a propósito de la ingratitud de Ginés y de otros galeotes, así como
de la amistad y del desquite).
…………….
“Bien te decía, amigo Sancho, que la ingratitud es el pecado que más
castiga el Cielo y que por su causa está que revienta la capacidad del
infierno, donde los diablos atormentan con saña sin igual a la gente mal
agradecida, tanto más cuanto desean que los ingratos sufran el doble.
No hay que olvidar cuánto amaba Dios a Luzbel y a los demás ángeles que
cayeron en rebeldía, quienes no supieron corresponder a esta deferencia,
violando las leyes del Creador, en vez de reconocer la magnitud de aquella
gracia. Porque tanto se fija Dios en la criatura bien agradecida, como en la maldita que no
agradece, desconociendo la bondad de la que se le hace merced.
Debes tener presente, amigo mío, que la ingratitud es una desviación
pecaminosa que condena al hombre por cuanto pesia ser más propia de animales
traicioneros y ponzoñosos, la asume éste, quien de esta manera rebaja su
naturaleza contrariando la voluntad de Dios, que ha sido la de dar a cada rama
su nivel y jerarquía.
Dígote estas cosas y te las repito, porque he decidido ir en busca del
tal Ginés o Ginesillo, que lo mesmo me da que sea de Pasamonte o de la China,
que de Parapilla o La Pepilla, pues el
fementido canalla me las ha de pagar con creces y recreaciones, por la grave
afrenta que ha venido en desmedro, menoscabo y duda de mi dignidad de
caballero y, sobre todo, en ofensa al
sagrado deber de la gratitud.
-Lo de los caballeros está que chuta –atinó a decir Sancho, abrumado por
tan extensas parrafadas-¿pero qué decir de quienes no somos caballeros?.
Quienes no somos sino escuderos tal vez
no sintamos las afrentas, pero sí las palizas, porque tenemos más cerca las
costillas que las vergüenzas.
-Bien valen tus oservaciones, Sancho. Con ellas veo que también tú estás
de acuerdo en que sigamos y persigamos a nuestro ingrato vapuleador y le demos
pronto alcance y merecido desquite. Porque hemos de alcanzalle, no solamente
por la grave paliza de la que nos hizo
padecer y sufrir, sino, desde ya, por la falta de gratitud que sin maldita
razón desencadenó contra nuestro
esqueletaje. Y lo mesmo hemos de buscalle y hallale en la Umbría que en las
Sajonias, aunque para mí debe estar de nuevo en las galeras, destino natural de
todos los follones.
Pero, Sancho, al escuchar estos férvidos razonamientos, mientras
procuraba calmar al asno y consolar a Rocinante, temiendo nuevas, inútiles y
peligrosas aventuras, depuso los asuntos de venganzas, caballeros o burreros, y
dijo, con tono melifluo y pacificador:
-Mirándolo, señor, con mejor ojo, no dejo de pensar que no es de buenos
caballeros el desquite por las afrentas o por las palizas, ni de buenos cristianos no perdonar ni olvidar.
No bien hubo escuchado el de la Triste Figura éstas que consideró
“escapadas felonas”, dijo a su escudero con voces firmes y actitud fiera:
-No esperaba tal de tí. Que no es de amigos excusar las ofensas, ni
justificar al ofensor, ni apaciguar al ofendido. Porque la amistad se debe a la
verdad, como a la luz el sol y la infinita bondad a Dios. El amigo verdadero
otorga al ofendido y lo sustenta en su propósito justo y lo alienta y le
provee. La amistad es siempre positiva. Es acción, nunca omisión. Es principio,
no excepción. La amistad falsa se delata y se traiciona a sí mesma con
propuestas torpes e insinuaciones absurdas. Las amistades falsas van cayendo
como las hojas secas aunque no las menee el viento: caen por propia
inclinación. Hasta que el bosque es una extensa estera de hojarasca putrefacta,
y sólo permanece en las ramas una que otra hoja verde y fuerte. ¿Eres de éstas,
Sancho, tú? ¿De qué lado aguijas? Depón las excusas. El buen amigo está presto
y dispuesto a sumar y multiplicar y no a restar ni dividir, quiero decir, no a
escurrir los bultos, sino a secundar la lucha en bien de la justicia cuando más se le requiere y precisa. Y algo
debo advertirte por tu bien y para la salvación eterna de tu alma: jamás
confundas nobleza con justificación cobarde, ni caridad cristiana con
bobaliconería sospechosa. Porque también de justificadores cobardes y de nobles
falsos se nutre el infierno y se refocilan diablos con diablas. Y no me vengas
con aquello de que “quien perdona olvida”. Porque quien olvida, deja de lado
los engaños, las traiciones y las malas experiencias y facilita que quien se
las causó se las cause de nuevo. O, más brevemente, al que no quita la mano se
la vuelven a pisar.
Debo advertirte que el desquite por la dignidad y por la gratitud, no
es, por lo que a mí atañe, vulgar venganza, sino rescate por lo justo: es
retornar las cosas a su lugar natural. No incito a la venganza, sino que llamo
a las puertas de la justa justicia.
Entristecióse inmensamente Sancho ante estas razones, tanto, que
gimiendo y conteniendo a penas duras el ímpetu del llanto, sólo osó decir:
-Perdone Ud. Señor Quijote, mi torpeza, hija de mi poco saber y
rustiquez, y no por torcida voluntad ni corazón malqueriente.
-Bien, amigo.Comprendo tu desliz. Pero, debemos salir ahora mesmo en
busca del hijo de la p… de ese Ginés de los Pasamonos, de quien habremos de
cobrar la ofensa a la dignidad y la vileza contra la gratitud. Porque a los
follones, aunque sea a palos, hay que enseñarles que gran parte de la dignidad
del hombre toca a la gratitud y que su contraria, la ingratitud, debe ser
castigada por el valor de los
caballeros”.





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